Habitualmente la vida de las personas transcurre con unas importantes cargas de ansiedad, generada por la búsqueda de logros materiales, psicológicos, emocionales, de relación, sociales, laborales, de desarrollo personal.

Otras razones generadoras de ansiedad y posterior lucha son el querer conseguir un estado distinto del que se tiene, el tratar de ser diferente de lo que se es, hallar una paz interior que no se tiene, encontrar una salud que no se posee. Esa preocupación por buscar algo diferente de lo que sucede en el presente es vivida en muchos casos como “estar en la lucha”. Esto hace que se viva expectante por lo que sucederá, en lugar de estar atento a lo que está ocurriendo en el presente, como si lo importante fuera lo que está por acontecer, lo que en un futuro se concretará-logrará-conseguirá. De este modo, no se siente como importante lo que está sucediendo a cada instante en uno y fuera de uno mientras se va en una dirección, sino que lo relevante se centra en el objetivo, en la meta.
Los propósitos y deseos conscientes o inconscientes son el resultado de comparaciones, envidias, celos o competencia, tanto como de condicionamientos culturales, familiares, raciales, religiosos, de mandatos o ideas provenientes de alguna persona que signifique una autoridad.
Por lo general se aprueba ese “vivir luchando”, y muchas veces se lo percibe como meritorio, al reflejar un espíritu inquieto que no se amolda a las circunstancias, que no se resigna. Y es habitual el considerar que a través de la batalla es como se logra llegar a los objetivos que uno anhela, como si esa fuera la única forma de lograrlo. Pero si hay lucha, eso significa que hay una parte de uno que intenta doblegar a otra, que también es parte del sí mismo. Por ejemplo, si hay una dolencia física y uno se da cuenta de que la causa está relacionada con formas desordenadas de vivir, como el ingerir una alimentación desequilibrada o debido a la falta de actividad física.

A pesar de esto, no surge una acción natural, sin esfuerzo, que modifique la acción generadora del problema, sino que se manifiesta la lucha para doblegar las resistencias o el desgano por hacer lo correcto o más sano.
Aquí habría que preguntarse: ¿las cosas se logran luchando, esforzándose, con voluntad? ¿O es que se puede vivir con objetivos, y uno puede acceder a ellos habiendo comprendido profundamente por qué hoy no son posibles?

Descargar Boletín Nº52: “¿Por qué vivimos luchando?”



  1. Las Dalias el jueves 17 abril, 2014 a las 12:11 pm

    Tal vez, la cuestión es diferenciar lo que corresponde al campo físico del psicológico.
    Si tengo un deseo de comer, de tomar agua, de dormir, de descansar, a todo esto lo podríamos llamar necesidades más que deseos.
    Lo que nos genera un conflicto, es cuando deseo ser diferente a lo que soy, o deseo que otra persona sea diferente a lo que es, ahí, esa no aceptación de la realidad, de lo que “es”, es la que nos causa conflicto, hay una lucha interna entre lo que “es” y lo que “deseamos sea”.
    ¿Puede que sea si?

  2. Desarrollo Personal el martes 15 abril, 2014 a las 3:29 pm

    Estoy de acuerdo que el deseo continuo de la satisfacción del ego impide en gran medida disfrutar el momento presente, pero también es cierto que no podemos negar al cuerpo físico y el deseo de experiencias es parte del viaje terrenal.


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