La sexualidad como función vital

La sexualidad es una función biológica primaria y el impulso sexual forma parte inherente a la naturaleza humana. El sexo ha tenido una implicancia controvertida debido al condicionamiento social de años de represión, en el cual la influencia de las religiones ha tenido mucho que ver con esto. El resultado de tantos años de considerar a la sexualidad como tabú y como algo pecaminoso, derivó en una sociedad con personas con conflictos en relación a lo sexual.

Estos conflictos pasan desde la ausencia de una vida sexual normal a actitudes compulsivas, diversas perversiones y a algo muy común que ocurre hoy en día que es, el desinterés por el encuentro sexual. El no dar la atención debida al tipo de manifestaciones citadas es porque, en verdad, no se considera a la sexualidad una función natural a la que debe dársele la importancia que tiene, tanto como a cualquier otra función vital.

La función del orgasmo
El exceso de pensar mecánico e incluso racional y reflexivo, ha ido en detrimento de las funciones vitales de los seres humanos. Las sensaciones, debido a la represión cultural y al modo de vida actual, donde la búsqueda de seguridad es lo primario y también la necesidad de tener, no son vividas naturalmente, sino que en general están anuladas y se vive alejado de ellas.

El exceso de enfermedades epidemias o las llamadas enfermedades de la civilización (cáncer, sida, colon irritable, depresión, sobrepeso y obesidad, ataque de pánico, disfunciones circulatorias, insomnio, etc.), son una muestra de ello. La enfermedad surge, entre otras cosas, porque no existen los mecanismos de descarga, naturales de los seres humanos, funcionando adecuadamente.
Los mecanismos de descarga serían aquellas funciones naturales que implican poder eliminar las sobrecargas. Estas sobrecargas surgen debido a vivir desequilibrados en nuestras potencialidades racionales y sensitivas. Mucho hay de mente mecánica, de pensar demasiado en lo que debemos hacer, en cómo resolver, en cómo hacer para pagar tal o cual cuenta o cómo relacionarnos con tal o cual persona y tantas cosas más. Esta forma de funcionar genera sobrecargas.

También nos sobrecargamos comiendo en exceso, con la química de los alimentos, de medicamentos y con la contaminación ambiental, con el exceso de trabajo. El estrés es producto de un exceso, de una sobrecarga.

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