Boletín Nº34: Sobre el Estrés

¿Qué entendemos por estrés?

Hace muchos años la palabra stress solo pertenecía a la lengua inglesa, luego pasó a ser parte de la lengua española, ya que comenzó a incorporarse a la vida cotidiana y se convirtió en “estrés”, cuyo significado literal es: “esfuerzo, violencia”.

También se utiliza la acepción estrés cuando se quiere referir a aquello que implica una exigencia mayor a las posibilidades que cada uno tiene.

El estar estresado se relaciona con el desborde anímico, emocional y físico. El pensamiento no para, hay un incesante parloteo mental, reiterativo, obsesivo, no hay capacidad de generar espacios de silencio mental, no solo durante la vigilia sino también en el momento del dormir. Hay un trabajo permanente del cerebro, del sistema nervioso, cuya base de pensamiento es: “debo…”, “hay que…”, “tengo que…”; no hay capacidad de descanso, de relajación y es común que este estado se asocie con el insomnio.

Existen diferentes causas que generan estrés. Puede existir el estrés laboral, el que surge a partir de una enfermedad, por haber vivido una situación traumática, el generado por el dolor frente a la pérdida de un ser querido, por una separación afectiva, por el sufrimiento debido a la incapacidad de vincularse bien afectivamente con seres queridos (hijos, pareja, amigos, familiares, compañeros de tarea).

¿Porqué uno se estresa frente a la actividad laboral?

En general se toma la tarea, no desde el disfrutarla, sino como una obligación a llevar a cabo, como solo la posibilidad de concretar objetivos. Cuando hay estrés no existe el mientras tanto, lo importante es el fin y no cómo llegar a ese fin. Siempre hay un afán, el afán del reconocimiento por parte de los otros, ya sean éstos jefes, clientes, pacientes, compañeros de tarea y también el propio afán frente a uno mismo al querer concretar el objetivo a la perfección.

Si en uno no existiera la ansiedad y el miedo a no hacer las cosas bien, a lo que el otro va a decir o pensar acerca de lo que uno hace o no hace, no habría la exigencia y por lo tanto el esfuerzo frente a la tarea a realizar.
Muchas veces no es el trabajo en sí lo que estresa sino la actitud que se pone frente a él.

La propia exigencia está íntimamente relacionada con el estrés, exigencia por querer absorber demasiadas cosas a la vez y porque después de las 8 horas de trabajo que han sido muy intensas, se sigue pensando y queriendo resolver en otros ámbitos los problemas relacionados con lo específicamente laboral. Uno no solo trabaja en el entorno relacionado con la actividad propia del trabajo sino que sigue y sigue elucubrando, sobre todo lo relacionado con dicha actividad, generando aún más la mecanicidad de la mente.

Se está en la casa conversando con los hijos o la pareja, cocinando, lavándose los dientes y en lugar de escuchar al interlocutor y estar atento a lo que se hace se sigue pensando y pensando en la tarea específica del trabajo.

Cuando el pensamiento no para, la mente se mecaniza y esta mecanicidad quita sensibilidad y capacidad de comprensión. Además el no parar el pensamiento genera un estado de agotamiento físico y psicológico.

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